sábado, marzo 31, 2007

Descalifica la ASF el distribuidor vial

Determina Auditoría que los perjuicios de la vialidad, los cuales se acentúan en las horas pico y época de lluvia, superan los beneficios

Sergio Fimbres

Ciudad de México(31 marzo 2007).- El distribuidor vial San Antonio, pieza central de la obra más importante del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador --el Segundo Piso del Periférico--, fue reprobado por la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

"Los perjuicios, los cuales se acentúan en las horas pico y en la época de lluvia, superan a los beneficios del proyecto.

"Por tanto, no se desarrolló la mejor alternativa para optimizar la inversión de 1,106,483.7 miles de pesos", se lee en el Informe del resultado de la Revisión y Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2005.

El reporte destaca que en las horas de mayor tráfico, en vez de que los usuarios mejoren sus tiempos de traslado y gasten menos dinero en gasolina, ocurre lo contrario.

"El beneficio que pudiera presentarse en el tiempo de traslado, se ve afectado por la saturación de las entradas y salidas de esta vía, debido a la reducción de carriles, lo cual genera un perjuicio", se explica.

Como parte de la misma observación, se concluye: el Distribuidor Vial tendrá una vida útil de tres a cuatro años en horas no pico, y no es funcional en las horas de mayor demanda.

Los resultados obtenidos por la ASF se desprenden de una encuesta entre 234 usuarios para medir la efectividad de la obra.

Las justificaciones para realizar el gasto en esa obra eran mejorar la movilidad de las personas en automóviles, disminuir la emisión de contaminantes, reducir el consumo de combustibles y mayor fluidez vial, entre otras.

También se realizó una encuesta entre 135 comercios establecidos en la zona aledaña al distribuidor vial que reflejó una disminución de ventas de hasta 70 por ciento, lo cual es identificado como otro de los perjuicios de la obra.

Ante esta situación, la Auditoría Superior emitió la acción 05-B-09000-04-482-08-017 de Promoción de Responsabilidad Administrativa Sancionatoria en la que solicita a la Contraloría del Gobierno del DF iniciar proceso contra los posibles responsables.

Estos resultados están en el apartado del informe dedicado a las auditorías realizadas a los ramos 33 y 39 del presupuesto federal aplicado en la Ciudad de México.

En la construcción del distribuidor vial San Antonio se utilizaron recursos del Fideicomiso para la Infraestructura en los Estados (FIES) y del Programa de Apoyos para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas (PAFEF) motivo por el cual fueron auditados por la instancia federal.


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Fecha de publicación: 30-Mar-2007

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viernes, marzo 30, 2007

AMLO: Discurso desgastado

Carlos Acosta Córdova / Proceso

México, D.F., 29 de marzo (apro).- Asistí a casi todas las grandes concentraciones en el Zócalo convocadas por Andrés Manuel López Obrador durante el periodo poselectoral. Fui partícipe de la vitalidad, la entrega, la convicción, la enjundia de todos los asistentes. La autoridad moral del líder no estaba en duda. Todos compartíamos el sentimiento de haber sido despojados, atracados una vez más. El rechazo oficial al recuento de sufragios, al “voto por voto, casilla por casilla”, unió almas, mentes, espíritus y aun presencia física, en repudio a la solución final de la contienda electoral.

No pude asistir el domingo pasado a la segunda asamblea de la llamada Convención Nacional Democrática. Supe por los medios, y por colegas que allí estuvieron, que el Zócalo estuvo lejos de llenarse como en aquellas históricas jornadas. Aunque, me dicen, el entusiasmo de la gente no mengua. Sin embargo, empieza a preocuparme el discurso de López Obrador. Me parece que se quedó estancado en el ánimo de aquellos días aciagos. Pero ya no estamos ni en campaña ni en las jornadas contra el fraude electoral. Qué bien que no se pierda la energía. Es correcto eso que dijo de no retirarse y dejar tirado el movimiento, de no caer en el inmovilismo y de dar continuidad a la lucha. Pero creo que las armas de ésta deben ser distintas y –ante un gobierno, nos guste o no, ya constituido-- muy superiores a las de la arenga, la descalificación y la protesta por la protesta.

Digo esto porque, al leer el discurso que pronunció el domingo, no dejé de sorprenderme por la falta de rigor en la información económica que manejó, por la oposición simple que reveló, por la persistente búsqueda de un efecto mediático sin más propósito que el aplauso masivo, pero sin destino claro y ausente de razón… y por alguna que otra mentirilla que soltó. En fin, en mucho me decepcionó el discurso de López Obrador del domingo pasado.

Dijo, por ejemplo, que “el gabinete del gobierno legítimo confrontó el presupuesto público de este año, presentado por la derecha, que reducía los recursos a la educación, la cultura, la salud y al gasto social. Se elaboró una propuesta alternativa y, de esta manera, los diputados del Frente Amplio Progresista lograron más presupuesto para el bienestar social y, entre otras cosas, que se destinaran 6 mil millones de pesos a pensiones alimentarias para adultos mayores de zonas rurales marginadas”.

Falso. El “gabinete legítimo” nada tuvo que ver con la batalla exitosa, sobre todo del PRD, en torno del Presupuesto de Egresos y la Ley de Ingresos para 2007. La “propuesta alternativa” que presentaron ni siquiera fue tomada en cuenta, por inconsistente y carente de rigor –dicho así por los asesores del propio partido--, por los legisladores del Frente. Es más, los periodistas que estuvimos cerca del arduo proceso de negociación entre las bancadas –del PRD y aun del PRI-- y la Secretaría de Hacienda, fuimos testigos del desdén del que fueron objeto los miembros del “gabinete legítimo” por parte de sus correligionarios en las cámaras. Convidados de piedra, los legítimos en nada participaron en los logros obtenidos. Simplemente, no les hacían caso. En las discusiones técnicas ni aparecieron. A las encerronas privadas con los funcionarios de Hacienda, ni siquiera fueron invitados.

Otra. Cuando López Obrador habla sobre los difíciles días de enero por la crisis de la tortilla, dice: “Para hacer frente a esta escalada de precios, participamos el 31 de enero en una manifestación de protesta y demandamos un aumento salarial de emergencia, subsidio a la tortilla y la aprobación de precios de garantía en beneficio de los productores del campo.”

En efecto, hubo participación del llamado “presidente legítimo”, pero para nadie fue un secreto que más bien se montó oportunistamente en esa manifestación; que los convocantes –la UNT y las principales organizaciones campesinas-- entraron en conflicto con el Frente Amplio, pues éste quería que AMLO la encabezara y, aun, protagonizara el mitin en el Zócalo. No los dejaron. Ni López Obrador encabezó la mega marcha contra el alza en los precios de los productos básicos ni pudo ser orador principal en el mitin. Pudo hablar hasta el final, ya cuando todo mundo se retiraba.

No le veo sentido incurrir en declaraciones falsas ni en adjudicarse logros de otros. López Obrador tiene madera para más. Pero en el engaño pierde.

Me alargaría señalar toda la lista de verdades a medias o falsedades llanas. Pero no puedo dejar de abordar lo que más me inquietó. Cuando habló –y lo hizo de manera extensa-- de las cuestiones fiscales, incurrió en el denuesto simple, en el descalificativo sin argumento. Porque lo digo yo así es, fue el mensaje. Dijo: “Se ha llegado al extremo que, por ejemplo, Cemex, que tiene un margen de utilidad de 40 por ciento, sólo pagó 2.3 por ciento de impuestos sobre sus ventas en 2004; Telmex, con un margen operativo de utilidades de 50 por ciento, pagó de impuestos 8.9 por ciento; Kimberly Clark, 6.3; América Móvil o Telcel, 6.6; Femsa, es decir, la Coca-Cola, 2.1; Bimbo, 1.7; Grupo Alfa, 2.3; Grupo Carso, 2.7; IMMSA, 2.4; Grupo Maseca, 1.3, y Wal-Mart, 2.4 por ciento. Y todo esto sin considerar que las negociaciones multimillonarias que se hacen en la Bolsa Mexicana de Valores están exentas de impuestos. En contraste, un trabajador o un integrante de la clase media paga de 15 a 28 por ciento de impuesto sobre la renta, según sus ingresos.”

Cualquiera que haya escuchado o leído eso, diría: pinches empresas y empresarios, cerdos, explotadores, privilegiados, hijos de su… Ese efecto era el que se buscaba. Y me imagino que el aplauso fue unánime. Pero independientemente de lo mucho, muchísimo, que se les pueda criticar a las empresas y al gobierno que las protege, los números de López Obrador no resisten el mínimo análisis. Son falsos. O revelan una inquietante ignorancia o los expresó así sólo para buscar un efecto mediático, de repudio. El caso es que no puede expresarse el pago de impuestos como proporción de las ventas. El impuesto es sobre las utilidades. No por nada el ISR es “Impuesto sobre la Renta”. Cuando miré los números me alarmé. Yo también estuve tentado a decir: hijas de la chingada, cómo se joden al fisco, cómo explotan. Pero, periodista al fin, me di a la tarea de revisar los estados financieros de algunas de esas grandes empresas. Cualquiera lo puede hacer. Son documentos públicos. En la página web de la Bolsa Mexicana de Valores vienen todos. O en internet se pueden encontrar los informes anuales.

Sólo menciono uno, para no alargarme y para que no se me acuse de ser pro empresarial, que estoy muy lejos de serlo. Pero resulta que al analizar los “estados consolidados de resultados” de Bimbo para 2004 y 2005, me encuentro que en el primer año la empresa pagó 900 millones de pesos de Impuesto sobre la Renta, equivalentes a casi 27% de sus utilidades, que fueron de 3,360 millones. Dentro de la ley. En el segundo año, pagó 1,468 millones de pesos por ISR, el 31.2% de sus utilidades, que fueron de 4,697 millones. Dentro de la ley. Si el pago de impuestos se hace contra las ventas totales, por supuesto que resulta un pago mínimo, pero no es correcto hacerlo así. Hasta el más pequeño de los empresarios sería enemigo de la patria.

Insisto: es mucho lo que se puede decir de las empresas, de sus privilegios, de las mil formas que tienen de eludir al fisco, de las ventajas que sacan de sus relaciones con el poder político, de las miserables condiciones laborales que imponen a sus trabajadores, de los bajísimos salarios, de mucho más. Pero no es correcto dar cifras que no se apegan a la realidad y sólo buscan un efecto político de repudio.

Reitero: López Obrador debe enderezar su marcha, con armas distintas, con más rigor, con más análisis, anteponiendo la razón a la arenga. Tiene madera. Lo puede hacer. Quizá le falten asesores.

Comentarios: cgacosta@proceso.com.mx

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domingo, marzo 25, 2007

Tres opiniones

Raymundo Riva Palacio
El Universal
Estrictamente personal

Miércoles 21 de marzo de 2007

Un ´Peje´ antropófago

Andrés Manuel López Obrador mostrará en los tres próximos días si su músculo político no enfrenta una crisis de esteroides

Para el próximo domingo, los organizadores de la Convención Nacional Democrática esperan reunir a 300 mil personas en el Zócalo de la ciudad de México para reactivar la lucha de Andrés Manuel López Obrador, pero la cifra se antoja casi milagrosa. Los serios problemas logísticos para acarrear simpatizantes de varias partes del país por falta de dinero, el agotamiento de esos grupos tras un extenuante segundo semestre de 2006, las enormes contradicciones hacia el interior del PRD y, en particular, porque el ímpetu que daba el pejepolítico se ha venido evaporando. López Obrador, quien denuncia a todos los poderes fácticos como causantes de sus males, es víctima, antes que nadie, de Andrés Manuel López Obrador. Después de casi un año de haber iniciado su debacle electoral por decisión propia, el tabasqueño no aprende.

Los golpes políticos han sido insuficientes para abollar su soberbia. Hace un año, su caída política comenzó cuando, con 10 puntos sobre su más cercano contrincante en la contienda presidencial, determinó que como necesitaba hacer campaña, tomaría como adversario a Vicente Fox. Sus allegados, casi unánimemente, lo objetaron por dos razones: el presidente Fox no estaría en las boletas el 2 de julio y, además, tenía un nivel de aprobación de 62%. No importa, respondió el Peje, "en un mes le bajamos todo". López Obrador tenía una intención de voto de 42% en marzo cuando se lanzó contra Fox. Al mes siguiente iniciaron las opiniones negativas mientras el ex presidente se fortalecía, al grado de llegar con 69% de aprobación en junio.

Hace unas semanas durante un cónclave con sus colaboradores, se leyó un documento de autocrítica que concluía se reconociera que haberse declarado "presidente legítimo" había sido un error, y que lo más conveniente era que dejara de llamarse de esa forma y pasara a convertirse en jefe de la oposición. López Obrador aceptó -cosa rara- la crítica, pero al final ordenó recoger todas las copias del documento y remató: "Seguiré siendo presidente legítimo". No hubo manera de que enmendara esa ruta. "Es muy terco", dijo uno de sus cercanos. Hasta ahora, nadie ha sido capaz de hacerle entender el daño que él mismo se está infringiendo.

Desde el año pasado, cuando contra las opiniones de sus colaboradores más curtidos decidió un megaplantón sobre el Paseo de la Reforma capitalino, desechando la idea de realizar una huelga de hambre en el zócalo a fin de introducir un dilema moral a políticos y jueces electorales, el PRD elaboró un análisis de cómo iban perdiendo las alianzas que se habían forjado. Se esfumó el respaldo de varios de los principales empresarios del país que lo veían con muy buenos ojos, fue abandonado por un importante grupo de intelectuales que habían jugado su prestigio por él y, sobre todo, agudizó las contradicciones hacia el interior del PRD, que registraba cómo las ganancias obtenidas el 2 de julio se agotaban día con día.

Para entonces, los autogolpes de López Obrador se habían convertido en errores estratégicos: su equivocado foco de campaña, su inamovilidad durante 40 días para no responder un spot del PAN sobre el endeudamiento del Distrito Federal, su inasistencia al primer debate y paralización en el posdebate, su tono amenazante al gritar "chachalaca", su negativa a modificar la estrategia de campaña pese a la pérdida de puntos en las preferencias electorales, su necedad a no utilizar a los medios electrónicos hasta ya muy tarde en la contienda, su falta de una estrategia jurídica en caso de que perdiera la elección, el ostracismo al que metió al PRD en el manejo de la operación electoral, el megaplantón, la "presidencia legítima", el calificativo de "pelele" a Felipe Calderón y, antes que nada, su incapacidad para aprovechar cada una de las varias oportunidades que se le han presentado para convertirse en un fuerte jefe de la oposición.

La decepción y frustración es amplia. Tanta, que la principal oposición hacia un liderazgo teológico y limitado como el que está planteando proviene del PRD. Varios líderes perredistas están denunciando a sus propios compañeros de partido por la falta de cooperación económica para la Convención Nacional Democrática, pero el asunto del financiamiento es más complejo de lo que se ve sobre la superficie.

Hace un mes y medio aproximadamente, el líder perredista en la Cámara de Diputados, Javier González, le dijo a su bancada que había un remanente de 27 millones de pesos de la anterior legislatura que les sería repartido equitativamente, y que de ahí se les quitaría 10% para sufragar los gastos de la Convención. Algunos diputados se lo comentaron a López Obrador, quien los urgió a devolver el dinero con el argumento de que no podían recibir recursos del gobierno. Aunque bajo esa lógica puritana tampoco tendrían que haber aceptado ser diputados, y que el dinero de los legisladores proviene del erario no del gobierno, regresaron el dinero. Y la realidad es que no disponen de los 3 millones de pesos que necesitaban para el acarreo de este domingo.

No lo han conseguido de otra manera. Quienes podían haber aportado esos recursos rompieron con López Obrador durante el megaplantón. A quien lo financió durante mucho tiempo lo están golpeando sus seguidores más anarquistas por haber apoyado al PRI en las elecciones en Tabasco. La queja es correcta, aunque el fondo es diferente.

El propio López Obrador criticó este martes a los gobernadores perredistas, a los coordinadores de las bancadas y a propios dirigentes del Frente Amplio Opositor por no estar ideológicamente entregados al "movimiento", su movimiento. Sigue encerrado en su propio castillo de la pureza, como si en la política pudiera ser impoluta, ampliando las incongruencias en su propio accionar. El PRD le estorba. Es tan evidente, que en sus declaraciones de este martes en la radio evadió sistemáticamente referirse al partido por nombre. Pero ese partido, del cual ahora está empezando a renegar abiertamente, también está viendo que los negativos de López Obrador entre la población siguen creciendo.

La antropofagia de López Obrador tiene al PRD en una disyuntiva. El Peje ha venido recorriendo el país en una larga campaña terrestre, durante la cual ha logrado afiliar a 500 mil personas para su causa, que es la creación de un partido por fuera del PRD. Pero traducir ese volumen y las células creadas en una estructura territorial que sostenga un nuevo partido para las elecciones federales intermedias de 2009 y las presidenciales de 2012 es muy diferente. López Obrador cree que sí se puede, y que su movimiento va a crecer. Eso mismo pensó en marzo de 2006, sintiéndose invencible. Está visto que, en su caso, las lecciones de la historia son material para el basurero. Pero lo que no se ha dado cuenta es que la historia le puede pagar con la misma moneda.

rriva@eluniversal.com.mx

r_rivapalacio@yahoo.com

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Razones
Jorge Fernández Menéndez

¿Hay fascistas de izquierda?

Un grupo de provocadores agredió en forma absurda a Cuauhtémoc Cárdenas el domingo 18 de marzo, escudándose en su devoción a López Obrador. Una vez más, éste no ha descalificado a estos personajes, como no lo hizo cuando impidieron la participación de Luis Carlos Ugalde en una conferencia en la UNAM o cuando impidieron la presentación del libro de Carlos Tello Díaz. Ni a López Obrador ni a sus seguidores parece molestarles en lo más mínimo que ese grupo de acarreados, manejados por Gerardo Fernández Noroña, agredan una y otra vez a distintos personajes de la política nacional, incluido el fundador del partido donde supuestamente milita el "líder" que dicen reconocer. Es una vergüenza y constituye la mejor demostración del autoritarismo profundo del ex candidato presidencial.

Ello viene a cuento, además, porque el mismo día en que los neofascistas de López Obrador agredían al ingeniero Cárdenas, llegaba a México la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, una mujer progresista, con una historia irreprochable y que continúa en su país la línea de gobierno, que inició Ricardo Lagos, de un Partido Socialista que no sólo ha mitigado las desigualdades sociales sino también ha colocado a Chile en una ruta de modernidad política, económica y social en muchos sentidos envidiable. El mismo día en que llegaba Michelle Bachelet a México, en Venezuela, el presidente Hugo Chávez avanzaba en la integración de un régimen "narcista-leninista", como dice Andrés Oppenheimer, ahora con la conformación de un partido único, y les decía a sus aliados que no querían integrarse a éste, pues preferían conservar su independencia, que entonces mejor se fueran a la oposición, que ya no los quería. También en Sudamérica, el presidente Rafael Correa, de Ecuador, que ganó las elecciones en una segunda vuelta, lejos de alcanzar una mayoría absoluta en la primera, impuso a la Cámara de Diputados una Asamblea Constituyente, aunque para ello haya tenido que "destituir" a 57 (por supuesto, todos opositores) de los 100 diputados, con el fin de formar un Congreso a su gusto y transformar el sistema político, aunque no tenga mayoría.

La lista podría continuar por lo que ocurre en Argentina, Bolivia, Nicaragua, para confirmar que, lo que llamamos "izquierda" en América Latina, en la mayoría de los casos no es tal. Nada tiene que ver con la izquierda un ex candidato que azuza a provocadores contra quienes opinan distinto de él, incluidos los fundadores de su propio partido, ni quienes buscan integrar sistemas de partido único ni tampoco aquellos que, para imponer un nuevo sistema político que los fortalezca, no dudan en destituir a más de la mitad de un congreso. Esa no es izquierda: es una nueva (o muy vieja, como se lo quiera ver) tendencia de la derecha más autoritaria, que roza el neofascismo, por su utilización de las masas y la figura omnipresente del "líder", y que está imponiendo en sus países una pobreza y una desigualdad mayor de la que encontraron, al hacer girar la economía en torno a sus ambiciones políticas personales.

El socialismo chileno y la presidenta Bachelet no tienen nada que ver con esas lógicas políticas. Están en las antípodas de ellas y, en los hechos, será mucho más fácil que el actual gobierno chileno pueda establecer acuerdos estratégicos con un gobierno como el de Felipe Calderón que con personajes como López Obrador o Chávez. Por una sencilla razón: Bachelet (o Lagos o los socialistas chilenos) vivió en carne propia el fascismo, sabe de lo que se trata cuando se habla de perseguir a disidentes por el simple hecho de serlo. Sabe que el autoritarismo es uno, no se diferencia, no es mejor o peor de acuerdo con la supuesta ideología en la que dice sustentarse. No importa si quien quema libros o arremete contra quienes disienten del "líder" se presentan como de derecha o de izquierda. Quien ha vivido el fascismo sabe que eso son.

En ellos reside el huevo de la serpiente que los convertirá, si se les permite, en dictadores "por el bien de la patria y con el apoyo del pueblo": lo mismo puede aplicarse a un Pinochet que a cualquiera de los que ahora forman parte de esa izquierda totalitaria.

¿Qué es hoy ser de izquierda o de derecha?, ¿esa es la verdadera disyuntiva a la que está enfrentada América Latina? En realidad no pasa por allí el cruce de caminos para nuestro país y la región: como lo demuestra Bachelet, lo que se debe elegir es entre un régimen autoritario, que no acepta el pluralismo ni la disidencia, se aleja de la economía abierta y la competencia, o apostar por una democracia liberal, con prensa libre, pluralismo, fronteras abiertas y creyendo en sacar los mayores beneficios de una globalización que, nos guste o no, ya está aquí y no se va a ir.

Tomada esa decisión, las demás definiciones se pueden acomodar solas. En una democracia liberal, ser de izquierda será apoyar la libre decisión de la mujer sobre el aborto o las sociedades de convivencia y ser de derecha será estar en contra de ellas; ser de izquierda puede ser buscar mecanismos para que el control del Estado sobre algunos capítulos de la economía no se pierda y ser de derecha será apostar a las fuerzas del mercado, achicando el poder del Estado. Pero esas diferencias se dan y se equilibran, y se contraponen, en el marco de un sistema democrático y plural, con libertad de prensa, de expresión, sin grupos de provocadores, llámense lopezobradoristas o de Provida, que quieran imponer su realidad en beneficio de un líder que dirigirá a la sociedad como un pastor a su rebaño.

El presidente Calderón y la presidenta Bachelet, desde diferentes historias y perspectivas ideológicas, son dos políticos que han apostado a la democracia liberal y al pluralismo. Gobiernan, además, las dos economías, con todos sus problemas, más exitosas de la región. México y Chile son la verdadera opción a los Chávez, los Correa, los Morales, los Castro. Deben demostrarlo siendo un ejemplo, no sólo de tolerancia y pluralismo, sino también de eficiencia gubernamental.

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Ciro Gómez Leyva / Milenio

¿Qué hiciste con el espíritu del 2 de julio, Andrés Manuel?

Arrasado por sus lugares comunes, sin nada nuevo que decir ni cosa sensata que ofrecer, jalando aire por la boca, Andrés Manuel López Obrador regresa a la Ciudad de México para encabezar el segundo capítulo de la Convención Nacional Democrática.

Si los delgados de la Convención hicieran un ejercicio de honestidad intelectual, lo primero que preguntarían es qué ha hecho su líder con las 15 millones de voluntades que se le entregaron hace nueve meses, qué ha hecho con el espíritu del 2 de julio, cómo fue posible que pervirtiera aquel movimiento deslumbrante en la grotesca parodia contestataria que es hoy.

El lopezobradorismo, escribió ayer Marco Rascón, es un grupo menguante, un movimiento unipersonal y sectario, donde “la voz chillona, los lugares comunes, los manoteos, las deslealtades y la intolerancia (yo agregaría: y las mentiras) determinan la estatura de López Obrador”.

Amparado en la lucha contra el fraude y por la dignidad del pueblo; con fantasmas como el “cerco informativo” (aunque, desde agosto del año pasado, él sólo acepte entrevistas cómodas y reconozca a quien esté dispuesto a actuar como su propagandista), el lopezobradorismo se cae a pedazos.

Él dirá que no es cierto, como cuando en agosto y septiembre negaba que el monstruoso error del bloqueo de Reforma desfondaba aceleradamente su movimiento. Lo sabemos: él jamás reconocerá un error.

Por eso la pregunta es para el PRD: ¿Está dispuesto a terminar de dilapidar así el capital del 2 de julio? Quizá veamos alguna señal hoy en la ceremonia de Benito Juárez, o en la plenaria del sábado, o en la marcha al Zócalo del domingo que sellará esta segunda Convención Nacional Democrática.

viernes, marzo 09, 2007

Intolerantes y fascistas!!!

"Torquemada, de la que nos salvamos"

Arsenal

Por: Francisco Garfias

La curiosidad periodística me llevó al Salón Pegaso del Hotel Nikko, donde el miércoles por la noche se presentó el libro 2 de Julio, de Carlos Tello (Editorial Planeta). Los ayatolas del lopezobradorismo habían llamado a boicotear el acto, desde la página senderodelpeje, que tienen en internet.

Las crónicas de ayer relataron los pormenores de lo que allí sucedió. El acto de intolerancia de los pejistas lo iniciaron, antes de la sesión de preguntas y respuestas, dos mujeres vestidas en forma relajada. Se encontraban sentadas junto a este reportero. No pararon de criticar e insultar en voz baja al ex canciller Jorge G. Castañeda, uno de los ponentes, durante la intervención éste. Fue la señal para que se levantaran otros, y otros más, hasta formar decenas.

Busqué con la mirada a Jorge Alcocer. El director de Voz y Voto estaba muy calladito, justamente detrás de mí. Escudriñaba con la vista el entretenido pero bochornoso espectáculo que se ofrecía a sus ojos. Decenas de partidarios de Andrés Manuel López Obrador, mezclados entre los invitados a la presentación del libro, habían logrado su objetivo de reventar el acto.

Alcocer, sin mostrar la menor emoción, escuchaba los gritos que calificaban de "¡mentiroso!" al autor de la crónica del 2 de julio; las alabanzas a El Peje estilo "¡es un honor, estar con Obrador..!"; los insultos al presidente Calderón, con la malograda rima "¡Pelele, entiende, la gente no te quiere..!" También miraba las pancartas de los panfleteros que rezaban: "Tello, inmoral, lengua viperina" o "No es un libro, es un panfleto".

El ex perredista sólo rompió su silencio cuando le preguntamos su opinión de lo que sucedía. Seis palabras bastaron para describir el sentimiento de los que no estaban allí para boicotear la presentación del polémico libro: "¡Torquemada, de la que nos salvamos!"

Ya para entonces había vencido el ultimátum que Leo Zuckermann, otro de los ponentes, había dado a los alborotadores para que se callaran. "Dos minutos contaditos en mi reloj", dijo. Pero ni caso. Los organizadores decidieron entonces llevar a Tello, Woldenberg, Castañeda y Zuckermann a un salón contiguo, para protegerlos.

Fuera del Pegaso se concentraron los invitados de lujo. Jesús Silva-Herzog, Héctor Aguilar Camín, Jorge Alcocer. La conversación se armó entre los dos últimos. "Es la misma pandilla de Fernández Noroña que impidió a (Luis Carlos) Ugalde hablar en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM ", comentó Alcocer. Alguien intervino para recordar que el consejero presidente del IFE ni siquiera se presentó a aquel acto, por las amenazas que recibió de los senderopejistas. "No tienen otro argumento que gritar y abrumar", sintetizó Aguilar Camín.

Alcocer retomó la palabra para recordar que, en un seminario sobre la izquierda, organizado en la UNAM por el investigador Roger Bartra, hubo una ponencia del crítico literario Christopher Domínguez. Habló de "la gran mentira" de López Obrador y trató de cómplices a los llamados intelectuales de izquierda. Lo que más llamó la atención del director de Voz y Voto fue el comportamiento civilizado de los estudiantes, aun de los que se declaraban lopezobradoristas.

Antes que reventaran el acto, Castañeda, amigo cercano de Carlos Fuentes, afirmó contundente que la famosa cena a la que habrían asistido Juan Ramón de la Fuente , el empresario Carlos Slim, el autor de Aura, entre otros, para hablar de la anulación de la elección presidencial y de integrar la presidencia interina, sí se llevó a cabo. "Sí tuvo lugar ese encuentro, no importa si fue en casa del rector o en un comedor", puntualizó el ex canciller.

Tello reconoció que la famosa cena, desmentida por Ignacio Solares, en la revista Proceso, no fue en casa del rector de la UNAM , como escribió en el libro, sino "en un salón adyacente a la Sala Nezahualcóyotl ", de Ciudad Universitaria. No alcanzó a decir más.

panchogarfias@yahoo.com.mx

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Lo reitero: son intolerantes y fascistas

Juegos de poder

Por: Leo Zuckermann

La discusión se estaba poniendo buena. Había un asunto de fondo que debatir: ¿debe un escritor reservarse sus fuentes? ¿Hizo bien Carlos Tello en revelar que López Obrador admitió haber perdido la elección a partir de una fuente indirecta? José Woldenberg pensaba que no. Que la decisión del autor demeritó un libro que, más allá de esta anécdota, provee muchos datos para "desmontar un buen número de mitos" sobre la elección. En cambio, Jorge Castañeda, defendía el derecho de Tello a "morirse en la raya" con tal de no destapar su fuente. En su opinión, la promesa de no revelarlas es lo que le da vida a la reconstrucción histórica de los hechos.

El asunto merecía —merece— un buen debate. Como moderador de la mesa, me parecía que los argumentos de Woldenberg y Castañeda tenían méritos. Había aquí un buen dilema que resolver, de esos que deben ser discutidos racionalmente. El autor de 2 de julio estaba dispuesto a hacerlo. Decidió abrir el espacio a las preguntas del público. Seguramente recibiría cuestionamientos muy difíciles. La mesa estaba lista con dos estupendos comentaristas y un autor dispuesto a defender sus posturas. Estábamos a punto de pasarle el micrófono al público cuando un grupo de lopezobradoristas comenzaron a gritar insultos. Salieron las pancartas. Se levantaron y rodearon la mesa.

Traté de convencerlos de que hicieran sus cuestionamientos de manera respetuosa y civilizada. No escucharon. Estaban en lo suyo: querían reventar el acto. No habían ido a debatir. Lo que querían era amedrentar al autor que cometió el pecado de cuestionar a su Gran Hermano.

Los improperios fueron escalando. Decidimos terminar la sesión. Al salir, nos aventaron botellas de plástico vacías y plantas que arrancaron de un arreglo floral. Detrás de mí venía uno de los líderes que más vociferaban. Me agarró del traje y empezó a jalar. Le pedí amablemente que me soltara. No lo hizo. Insistí, pero continuó jalándome. Sólo me soltó cuando le dije que eran unos intolerantes y fascistas. Se le iluminaron los ojos. Era lo que quería escuchar. Su provocación había funcionado.

No me arrepiento, en absoluto, de haberlo dicho porque es exactamente lo que pienso. No tengo la menor duda de que son unos intolerantes y fascistas los que reventaron la presentación del libro de Tello. Si hubieran podido, igual y hubieran quemado al libro y, en una de ésas, hasta al autor y todos los que recomendamos su lectura.

¿Exagero? Quizá, pero no lo creo. Desgraciada o afortunadamente vengo de una familia que emigró a México a consecuencia de intolerantes y fascistas, tanto de derecha como de izquierda. Conozco bien cómo comienzan estas historias.

Ahora más que nunca estoy convencido de que una sociedad debe resolver sus problemas, sus dilemas, debatiendo. Que en mi país —el mismo que salvó a mi familia de la hoguera de la intolerancia— debemos tener la capacidad de escucharnos los unos a los otros, e incluso cambiar de opinión cuando el de enfrente tenga los mejores argumentos.

El martes no lo pudimos hacer. Se impusieron los que no querían debatir. Como en la rebelión en la granja, ganaron los cerdos que pretenden que Napoleón, su líder irrefutable, los gobierne con poder absoluto. Prevalecieron los que desprecian a la democracia, la cual siguen considerando como insoportablemente burguesa. Fue, sin duda, un triste episodio. Y aunque por fortuna los intolerantes y fascistas todavía están muy lejos de ser una mayoría en este país, no podemos considerarlos como un simple espectáculo pintoresco de la vida política nacional.

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Pejistas contra la libertad

Carlos Marín / Milenio

La operación sabotaje contra la presentación de 6 de julio de Carlos Tello Díaz fue patética y atroz.

Como “detectives chinos”, los reventadores se delataban a medida que entraban al salón y ocupaban lugares “estratégicos”, debido a que bajo la ropa sobrepuesta de “bien presentaditos” dejaban asomar las pancartas y las camisetas pejianas.

Su misión fue fascistoide: impedir hablar a Tello Díaz, quien logra en su libro demostrar lo que se sabía en retazos: que Andrés Manuel López Obrador, desde el mismo día de las elecciones, supo que perdió, y que esa misma noche maquinó la vacilada del “fraude”.

En estricto rigor, si el ex candidato dijo o no “perdí” es lo de menos: el hecho sustantivo de que conoció su derrota lo corroboran los testimoniales recopilados.

Lo peor: el grupo de reventadores evidenció una vez más que el movimiento que representan y el dirigente que adoran son, ni hablar, enemigos de la libertad de expresión.

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La frustración de la derrota

Serpientes y Escaleras
Salvador García Soto

09 de marzo de 2007

Tal vez sea la paternidad lo que le ha devuelto la sensatez, por lo cerca que está el nacimiento de su hijo, o tal vez es que, como dice el dicho, el tiempo cura todo; el caso es que Andrés Manuel López Obrador, ocho meses después del 2 de julio, dice que ya superó totalmente el “golpe muy duro” que fue para él la derrota en la pasada elección presidencial.

En un encuentro privado con las cúpulas del PRD, en la confianza de la intimidad partidista, López Obrador se sinceró y habló del fuerte impacto personal y psicológico que para él significó el resultado electoral. “Fue un golpe muy fuerte, pero estoy recuperado al 100%...

“Yo soy fuerte, estoy acostumbrado a enfrentar la adversidad, fue un golpe muy fuerte... incluso hay gente todavía deprimida, pero vamos adelante”, dijo el ex candidato presidencial a sus compañeros.

Pero, ¿cuánto le costó al PRD el tiempo que le llevó a López Obrador “recuperarse”? Más barato les hubiera salido a los perredistas haberle pagado una terapia con el mejor psicólogo, que esperar a que el tiempo y la inevitable realidad le hicieran entender a Andrés Manuel que el hubiera no existe y que, como él mismo lo dijo el martes a los perredistas, “hay que ver hacia delante”.

Porque las encuestas son implacables y consignan el daño que le hizo al PRD la frustración y la negación de la realidad que vivió AMLO. Del 33% de la votación histórica que alcanzó el perredismo a nivel nacional en los comicios, hoy los más diversos sondeos le dan al PRD entre el 22 y 23% de los votos nacionales. Es decir, 11 puntos porcentuales perdió el partido de izquierda en ocho meses, una caída estrepitosa que tiene su explicación en las decisiones alocadas y totalmente pasionales que tomó Andrés Manuel, desde el plantón en Reforma hasta aquel teatro delirante de la “Presidencia legítima”.

Políticamente se trata de errores garrafales de AMLO que arrastraron a su partido, pero si se le ve desde el lado humano, tal vez no sea tan fácil superar la frustración de la derrota cuando uno ya se veía sentado en la silla presidencial. Y eso nos lleva a otro tema: ¿cómo manejan los que pudieron ser y no fueron el dolor, la rabia, la frustración y el impacto psicológico que necesariamente sufren cuando pierden?

Hay en la política nacional muchos casos ilustrativos. Antonio López de Santa Anna, no obstante que había sido 11 veces presidente de México, cuando no logró su último intento cayó en una terrible depresión que lo tuvo meses en cama. Era tal la frustración de “su alteza serenísima”, que su esposa María Dolores Tosta juntaba todos los días a un grupo de mendigos y menesterosos de la calle 5 de Mayo, donde vivían, y los instruía para que pasaran frente a la cama de su marido, uno por uno, y lo saludaran: “Señor presidente Santa Anna, a sus órdenes”. En pago, por levantarle el ánimo al ex dictador, los hambrientos mendigos recibían un generoso desayuno.

El fallecido Mario Moya Palencia, cuando perdió la sucesión del 70 con Luis Echeverría, después de que se sentía seguro candidato, entró en tal crisis personal que se peleó con su familia y con sus amigos, y terminó viviendo solo. Otro caso es el de Javier García Paniagua: tras ser derrotado por López Portillo prefirió retirarse de la política, abandonó su carrera y se fue a vivir a su rancho en el sur de Jalisco.

A Emilio Martínez Manatou sus dos intentos frustrados por llegar a ser Presidente, primero derrotado por Luis Echeverría y luego ignorado por López Portillo, lo hicieron caer en el alcoholismo. Todos los días, apenas daban las 12 del día, empezaba a beber. El dulce sabor del anís lo acompañó hasta su muerte, hace 2 años.

A López Obrador no le dio ni por la bebida ni por el encierro, aunque sí hubo en su conducta y en sus decisiones claros signos de lo duro que fue para él superar la derrota. Su terapia parece haber sido el andar por todo el país, recorriendo plazas y comunidades, donde se mantuvo en contacto con la gente, algo que, dicen sus cercanos, tal vez le guste y le apasione mucho más que estar en un despacho ejerciendo el poder. Esas giras y la paternidad debieron ser parte de su proceso para superarlo.

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domingo, marzo 04, 2007

Se profundiza la crisis en el PRD

Razones
Por: Jorge Fernández Menéndez

La crisis del perredismo tiene relación directa con la trampa en la que ese partido se ha encerrado solo, y por indicaciones de Andrés Manuel López Obrador. El ex candidato, con la línea de desconocer al gobierno, de romper toda relación, de autoproclamarse presidente legítimo, de reventar el último Informe del presidente Fox y de tratar de impedir la toma de protesta de Felipe Calderón, ha logrado que su partido tenga, hoy, aproximadamente 20% de aprobación, al tiempo que López Obrador se ha convertido en uno de los personajes políticos nacionales con mayor cantidad de opiniones negativas, sólo por debajo de Carlos Salinas y por encima de Roberto Madrazo y Elba Esther Gordillo. Para un político que hace poco más de un año tenía una de las mejores tasas de aceptación y estuvo a punto de ganar las elecciones, es toda una marca difícil de igualar.

Ese derrumbe ha llevado a su partido a una crisis en la cual el punto central es ver la forma de librarse de esa trampa al mismo tiempo que, como no quieren romper con el líder, cada movimiento parece hundirlos más en ella. Los últimos días han mostrado esa crisis en forma inocultable: la detención de Flavio Sosa no sólo exhibió al perredismo, que en muchas ocasiones había establecido que ese personaje no era miembro del partido, pero a quien ahora termina rindiéndole todo su apoyo y reconociéndole su militancia ... con el único problema de que el PRD estatal informa que hace más de un año que busca su expulsión, debido a su serie sucesiva de traiciones. Pero López Obrador ha ordenado defenderlo. La pregunta que se hacen muchos perredistas es cómo defender a quienes ellos mismos acusan de traición.

Al mismo tiempo, tras la detención de Sosa, el cada vez menos influyente presidente nacional del PRD, Leonel Cota Montaño, le ha pedido una alianza al PAN para deshacerse del gobernador Ulises Ruiz. El gobierno federal le ha enviado señales fuertes a Ruiz, al decomisar todas las armas de la policía estatal, para ver si alguna está implicada en los asesinatos que se han cometido en los estados en los últimos tiempos. Pero el problema para el perredismo no es ése: ¿cómo pedirle una alianza para hacer justicia contra un gobernador, a un gobierno al que no se reconoce y a un partido al que se considera que llegó al poder mediante un fraude? Y todo al mismo tiempo en que López Obrador les exige no establecer acuerdo alguno con el gobierno o su partido. Simultáneamente, el perredismo le pide una alianza al PRI para bloquear el presupuesto en los ámbitos de educación y cultura. ¿Con quién hacer un acuerdo entonces si, ambos, están diseñados para golpear al otro adversario? ¿No terminará siendo más probable que el PAN y el PRI terminen haciendo su propio acuerdo en vez de enfrentarse recíprocamente para beneficiar al PRD?

En Chiapas asumió el gobierno, el viernes pasado, Juan Sabines, y ese mismo día se deslindó por completo de López Obrador. Su gabinete es parte de la tendencia priista que lo apoyó cuando salió de ese partido y Sabines ha jugado sus propias cartas, ubicándose cerca de Felipe Calderón. En el DF, asumió el martes el gobierno Marcelo Ebrard. Su gabinete ha servido para oficializar la ruptura interna en el partido entre los sectores que lo apoyan y la poderosa corriente de Nueva Izquierda, que encabeza Jesús Ortega. En realidad, es un capítulo anticipado de la lucha por la presidencia nacional del PRD. Pero a Ebrard esa ruptura no le alcanzó para colocar a alguien suyo en la del DF, pues las mismas corrientes bejaranistas le cerraron el paso al perredista de nuevo cuño, y desde siempre cercano a Ebrard, Alejandro Rojas Díaz. El jefe de Gobierno queda así en una situación difícil: con un enemigo abierto y poderoso como Nueva Izquierda, con mayoría en la Asamblea Legislativa y que controla algunas de las delegaciones más importantes, por ejemplo, Iztapalapa, y con un enemigo embozado, las corrientes bejaranistas que no lo consideran de los suyos.

En Guerrero, Zeferino Torreblanca ha ratificado su distancia con AMLO y en la primera gira de trabajo de Felipe Calderón a ese estado quedó en claro que la relación entre el gobernador perredista y el Presidente es más que buena. En Michoacán, las cosas son similares y, con Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas, nada indica que pueda haber, siquiera, una recomposición en las relaciones con López Obrador. Al contrario, en estos momentos, la corriente que apoyó al ex candidato es la mayor oposición interna que tiene Lázaro Cárdenas. En Zacatecas, el conflicto entre Amalia García y Ricardo Monreal se ha agudizado, mientras que en la Cámara de Senadores, la distancia entre el coordinador perredista, Carlos Navarrete, de Nueva Izquierda, y Monreal es cada día más evidente. Lo cual no impide que tanto Amalia como Monreal se opongan a Nueva Izquierda en el terreno nacional. En Baja California Sur, el gobernador Narciso Agúndez, decidió olvidar que su antecesor, Leonel Cota, es el presidente del partido y, desde hace tiempo, decidió alinearse con el presidente Calderón. Desde entonces no se ha vuelto a saber de él. En la Cámara de Diputados, Javier González Garza cada vez tiene mayores problemas para disciplinar a un grupo parlamentario con tendencias centrífugas inocultables, además de algunos ex priistas decididos a demostrarle a López Obrador su lealtad incendiando detrás de ellos toda su carrera política, como el buen Arturo Núñez, irreconocible en su nuevo papel de hooligan legislativo.

La crisis perredista no viene de la derrota electoral. Proviene de una pésima estrategia que los llevó a esa derrota y se ha profundizado hasta límites impensables por la disciplina ante un líder mesiánico sin nada que ver con una lógica progresista y democrática.

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Ni honestidad ni valentía

Marco Provencio

Normalmente se necesita alguna razón para hablar pero ninguna para mantenerse callado. Si como se dice, las personas son dueñas de su silencio pero esclavas de sus palabras, entonces hay que considerar que en ocasiones puede haber tanta sabiduría en el silencio como en un libro de cabecera. Lo que no siempre se explica con facilidad es por qué hay ocasiones en que las personas “rompen el silencio”. ¿Por designio específico? ¿Por accidente? ¿Por que les pesa? ¿Por que, como decía Stevenson, con frecuencia las mentiras más crueles se dicen en silencio?

Sea el caso que fuere, nuevamente surge un elemento adicional que confirma que ni honestidad ni valentía fueron los principios que guiaron la conducta de López Obrador durante estos años. Cinco meses después de las elecciones del 2 de julio, la señora Ana Cristina Covarrubias, encuestadora contratada en su momento por el perredista, declara que de su propio trabajo se derivaba que la ventaja de su cliente se fue reduciendo desde inicios de año “hasta llegar a un punto en la semana previa a la elección”. Un solo punto en la semana previa a la elección. Es demoledor. O debería serlo. Porque confirma una más de las sospechas sobre el comportamiento público del candidato: no es de confiar.

Muchos que la conocen dicen que la Sra. Covarrubias es una persona capaz, íntegra. Seguramente puede ser. Por qué no. No tengo el gusto de conocerla, pero a la luz del peso de sus declaraciones parece cuando menos inexplicable guardar un silencio de cinco meses mientras el país se debatía entre gritos de fraude y llamados a la “resistencia civil”, por un lado, y el apego a las instituciones y a la legalidad, por el otro; mientras familias enteras se dividían entre acusaciones de complicidad o de ceguera, de pérdida de dignidad o de fanatismo. Guardar un silencio así mientras el país corría los riesgos que vivió ha de haber sido, cuando menos, una lápida intolerable.

Sólo recordemos que con posterioridad al día de la elección y para acrecentar la sensación de despojo entre sus seguidores, López Obrador insistía en que hasta el 2 de julio seguía manteniendo su famosa (y esta sí fraudulenta) ventaja de diez puntos. Por tanto, el resultado reportado por el IFE simplemente no era creíble. Ahora sabemos que no había valentía ni mucho menos honestidad en esas aseveraciones.

Cómo olvidar cuando a inicios de año el perredista publicaba alegre y profusamente las encuestas de la Sra. Covarrubias, las que en esa época ciertamente le reconocían una amplia ventaja sobre los demás. Muchos encuestadores coincidían en ese rango a favor de ese tabasqueño, por lo que no había sospecha ni rareza en ello. Sin embargo, ahora sabemos que a partir de marzo la aludida encuestadora decidió de motu proprio ya no publicar los resultados de su trabajo “por respeto al cliente”. ¿”Por respeto al cliente”? ¿Que qué?

El Consejo General del IFE estableció en su momento un acuerdo que estipula los lineamientos y criterios generales de carácter científico que deben seguir todas aquellas personas físicas y morales que lleven a cabo encuestas por muestreo. Es de esperarse que la gran mayoría de las empresas encuestadoras siguiera esos criterios. Lástima que los mismos no incluyeran también criterios de carácter ético (aunque nunca es tarde para una versión revisada de los mismos). ¿Bajo qué criterios una empresa decide publicar hoy sí porque conviene al cliente (el que además básicamente no paga con dinero propio sino con el producto de los impuestos), pero mañana no porque le perjudica? “Yo tengo el absoluto derecho de decidir si publico o no… evidentemente en este caso se decidió no publicar puesto que no teníamos para qué decir públicamente que nuestro cliente iba bajando…” le ha dicho la Sra. Covarrubias a Ciro Gómez Leyva. Y es poco probable que tenga siquiera algo de razón. No cuando hay recursos públicos involucrados, cuando la transparencia no puede entenderse en función de la conveniencia de los actores, cuando el resultado de los silencios es ahora una tercera parte de la población creyendo en la teoría del fraude y del complot. Como con frecuencia sucede, muchos de nuestros problemas no son técnicos sino éticos.

Dicen algunos que fueron cercanos colaboradores del ex jefe de gobierno que normalmente cuando éste les quería pedir su opinión sobre un asunto él mismo terminaba dándoselas a ellos. Parece ser más creíble que la decisión de “respetar al cliente”.

mp@proa.structura.com.mx

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Bufón

Federico Reyes Heroles

"Pobres de los países que carecen de héroes".
"Pobres de los países que necesitan héroes".

B. Brecht

¿Farsa, parodia, drama? ¿Es guasa, pretende el humor, la hilaridad o por el contrario resbala en lo patético, en esa sonrisa dolorosa que quisiéramos evitar y no podemos? Este 20 de noviembre del 2006 podrá ser recordado como un aniversario más del levantamiento de Madero. Pero también estará allí otro recuerdo imborrable, el monumento a la vanidad, al culto a la personalidad, al neocaudillismo, a la coba sin límites, a la desproporción, a la abyección, al ridículo. El día de ayer un grupo de mexicanos, en contra de todo sentido de la legalidad, siguió a su líder. Autoproclamado "Presidente legítimo" de México, invocando para sí igual a Juárez que a Madero en comparaciones que debían provocarle vergüenza, AMLO se aleja de una mínima racionalidad política. El capricho los guía. Por ahí se encamina a la degradación de sí mismo y de su movimiento. Los costos serán altísimos.

De nada valen ya los largos años de construcción de las instituciones que hoy le reconocen al PRD múltiples triunfos, nada significan la infinidad de candados contra actos fraudulentos que ellos mismos ayudaron a concebir. La voz de 1 millón de ciudadanos involucrados en las elecciones tampoco tiene valor. Menos aún los razonamientos de la máxima autoridad electoral o los simples números. Y, finalmente, en un acto de enorme desprecio al sentido común, nada les importan los otros ciudadanos, el 65 por ciento que no votó por él. Defenderían a muerte su victoria por un voto, está bien, suena democrático. Pero su derrota sólo la reconocerían si hubieran sido aplastados por millones. Ésa es su profunda convicción democrática. "Voto por voto" si es a mi favor. En mi contra sólo los números grandes valen.

La autoproclamación, el uso de la banda, el escudo, la protesta, el espectáculo de pretensiones republicanas con ánimos de frustración hollywoodenses, las expresiones insultantes, "pelele", todo a favor, no del PRD que al contrario sangra con estos actos, sino de sus críticos. De nuevo el capricho: o se va Calderón y con él sus 15 millones de votos o no tenemos de qué hablar. Aquí el centro pareciera ser la visión de un solo hombre que define cauces y causas. No hay documentos célebres, pronunciamientos escritos, ideas o principios asentados en negro sobre blanco. Aquí estamos sujetos a la palabra de una persona, a su capacidad de leer las verdades profundas de un pueblo. Pueblo, decía Hegel, es aquella parte del Estado que no sabe qué quiere. Pero el espectáculo no ha terminado.

El 1o. de diciembre habrá zafarrancho. No importa que alrededor del 80 por ciento de los mexicanos condene el hecho. Hay que ser firmes en el capricho. Nada impedirá que Calderón sea Presidente en funciones y ellos lo saben. Pero cómo desperdiciar una oportunidad así, en cadena nacional, en vivo y en directo, para manifestar su exacerbada capacidad de pequeña violencia, que simplemente es violencia. Atrapados por la idea de lograr imágenes, son esclavos de la oportunidad. En las calles los gritos de las huestes del neocorporativismo plagado de corrupción. Adentro los señores legisladores que protestaron respetar la legalidad enseñando el poder de sus pulmones y de sus hombros para denigrar a las instituciones. Pero, eso sí, desde septiembre puntualmente cobran sus dietas. El espectáculo recorrerá el mundo. México saldrá dañado, no importa. Habrá zafarrancho y habrá factura para el PRD, los dos. Calderón gobernará, qué duda cabe, y las imágenes se diluirán en la memoria. El daño estará allí, pero no para Calderón que queda como víctima, papel muy bien explotado en otros momentos por su líder. El daño será para ellos, para el PRD, que terminan como victimarios. Los años que les llevó sacudirse la impresión de violencia que rodeó al PRD están a punto de echarlos por la borda en unos cuantos minutos. Genial.

La pregunta que muchos se hacen es si nadie puede detenerlo en esta marcha suicida que a todos perjudica pero más aún a su propia causa. ¿Cómo imaginar a AMLO candidato en el 2012 con el nutrido expediente de incitación a la violencia que ha acumulado en los últimos cinco meses? Más lo que viene. ¿Cómo le irá al PRD con estos desplantes frente a una opinión pública cuya oposición a la violencia es conocida? Quizá estamos leyendo las cosas al revés. Todos los ojos caen sobre él, pareciera el centro, el eje. Los aplausos de sus corifeos parecieran seguirlo. Él da la cara, él se arroja a la pista, a la arena; él les ofrenda la sangre y las risas. Hay aquí una relación -como lo describiera Kojeve- de amo y esclavo. Pero, ¿quién es quién?

Pudiera ser a la inversa. AMLO es el títere en turno. Como lo fue Marcos. ¿Quién es hoy el todopoderoso Marcos del 94? Como si fueran productos desechables. La farsa es perfecta: él dice conducir, en realidad lo conducen. Son los radicales los que están en control. Ellos sí permanecen. No dan la cara. Sus intereses son muy diferentes. Hieren al PRD, lo lanzan a misiones suicidas. Polarizan, envenenan. Con la anarquía como objetivo dan pasos que nadie entiende. Marcos pudo haber consolidado un movimiento social-indígena sin precedente. AMLO hubiera podido ser el primer Presidente del PRD en el 2006 o en el 12. Pero, absurdo, se radicalizó y perdió. ¿Por qué? Del 2 de julio al 1o. de diciembre pareciera estar provocando sistemáticamente un rechazo a la izquierda: ataca a las instituciones que antes decía defender, paralizó la ciudad que fue su plataforma, se peleó con quienes le dieron padrinazgo y hoy arrastra al PRD en un delirio sin salida. No es el patrón, es el bufón.

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La chequera de AMLO

Una vez más las nubes de tormenta se ciernen sobre el Partido de la Revolución Democrática.

Ahogado por las deudas con los bancos e inmerso en el desprestigio político, el desencanto y el descontento ciudadano generados por Andrés Manuel López Obrador y sus protestas poselectorales, ese partido verá en breve una de las más cruentas luchas intestinas de las que se tenga memoria a casi 17 años de su fundación.

Pero por desgracia, aunque parezca una confrontación entre proyectos y grupos políticos diferentes, en realidad se trata de la disputa por el manejo de los millonarios recursos públicos que recibe el PRD del IFE como prerrogativas de ley.

Con el nacimiento de la corriente Izquierda Socialista, declarada como “obradorista” y opuesta al grupo que encabeza Jesús Ortega y a la corriente cardenista, El Peje se prepara para impulsar a Alejandro Encinas como dirigente nacional y así mantener el control que tiene hasta ahora del PRD y garantizar que siga el flujo de recursos a su nueva campaña presidencial, pues por estatutos el presidente del CEN perredista tiene la facultad de definir quién será el secretario de Finanzas.

Es ese dinero con el que se sostiene y ha pagado su permanente gira nacional, pues gracias que Leonel Cota y Gerardo Fernández Noroña —fieles a su vocación de testaferros— operan sus instrucciones, mantiene sometido al PRD a los dictados del caudillo.

Pero no sólo eso, AMLO ha llevado al propio Marcelo Ebrard —impedido (por ahora) para romper con su antecesor— a sumar a sus pocos fieles a una corriente que se anuncia coordinada por el ex diputado David Cervantes y liderará Martí Batres, secretario de Desarrollo Social capitalino y ex aliado de René Bejarano.

Marcada por el pragmatismo, esta nueva corriente no tiene nada de izquierda y menos de socialista; para comprobarlo basta ver la mezcla de la que surge: el mesianismo lopezobradorista, el pedigrí salinista de Ebrard y los antecedentes porriles y corporativistas de los Batres.

Nadie duda de que López Obrador luchará con todo para llevar a Encinas a la dirigencia perredista y aplastar a Ortega en el proceso, y es que sin duda se juega algo más que el partido: se juega poder seguir utilizando al PRD como su chequera.

nojeda@milenio.com

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